La fiebre consumista (II)
Esta vez no he podido librarme. Estaba todo en mi contra: se acercan los Reyes y hay que hacer regalos, tengo dinero, la gente compra de forma compulsiva y eso anima. Como veis no me quedaba más remedio que comprar. Menos mal que no tengo visa que si no, se hubiese quedado la pobre tiritando. Mi presupuesto de este año es ligeramente más bajo que el del año pasado, pero siempre me las apaño para obtener el máximo resultado. Esta mañana me he ido al Alcampo a invertir el dinero que mi tia me ha dado para los Reyes. Resultado: un pijama, una colonia y un libro. No está mal, sería aproximadamente lo que me hubiese regalado ella y son cosas que me hacen falta. El Alcampo estaba a reventar de gente comprando juguetes y demás y las colas eran enooormes. En fin, que me he armado de paciencia y al cabo de un cuarto de hora en la cola he conseguido pagar. Menos mal que iba con el dinero más o menos justo, porque si no, me llevo media sección de libros tranquilamente.
Salgo por la tarde a comprar más cositas. Me paso primero por unos chinos grandísimos para comprar lana, abalorios y pegar una vueltita por si hay algo más. Llenísimos de gente, cojo solo 2 cajitas de abalorios (porque están en la entrada) y me pongo en la fila para pagar (10 minutos solo). Me acerco al centro del pueblo y la gente va por el centro de la calle de paseíto. Claro, como es una calle peatonal bastante ancha como para que la gente se pare en los escaparates y que la gente con prisa vayamos por el centro, lo más normal es ir despacito y así vas jodiendo a los que tienen cosas que hacer. Me meto en el Springfield y no doy nada más que un paso dentro del local. Cerca de 100 personas metidas en el local. Pienso en dejarlo para otro día, pero como lo deje pasar hoy ya mañana me va a dar pereza. Decido hacer algo de tiempo y me acerco a una tienda de al lado a recoger el regalo de mi madre, una blusa ultra-cara que, afortunadamente, ha pagado mi padre. Y después de recogerlo... me meto en el Springfield.
Creo que nunca he visto nada igual, excepto en Zara, claro. Toda la ropa alborotada, por el suelo, las dependientas no me hacen caso y en la fila cada vez hay más gente. Eso sí, los probadores vacíos. ¿Será que los chicos no se prueban la ropa antes de comprarla? Elijo una camisa negra con rayitas para mi chico y un par de jerseys de lana, uno para él y otro de mi talla (azul con canalé, ideal para los días de clase, que en el camino a la universidad se pasa frío), aprovechando que hay un 2x1. 10 minutos de espera más tarde me encuentro con una de mis amigas que ha ido a comprarle unos gayumbos para regalarselos a un hermano suyo. Le propongo que se quede conmigo, la de atrás me mira mal y ella opta por dejarlos y volver mañana. Otros 10 minutos más tarde me acerco a la caja y pago. Cuando llego a casa, me doy cuenta de que me he pasado más tiempo haciendo cola que eligiendo lo que me iba a llevar. ¡Nunca más lo volveré a dejar todo para el último momento! (seguro que el año que viene volveré a poner lo mismo). Espero no tener dinero para las rebajas, porque puede ser horrible.